Presentación del proyecto

Un equipo sanitario, formado por personal del CHUAC, centros de salud de primaria y especializada de A Coruña, Complexo Hospitalario Xeral – Calde de Lugo y Arquitecto Marside de Ferrol, proporciona asistencia sanitaria especializada quirúrgica, de consulta y formativa en los municipios de Murra, Quilalí , Wiwilí y Ocotal, en el departamento de Nueva Segovia (Nicaragua). Tres mil personas se ven beneficiadas por este proyecto sanitario de cooperación internacional con una década de experiencia.

Agareso y Solidaridade Galega visibilizan en este Diario de A Bordo la promoción de calidad sanitaria en este país centroaméricano.


martes, 9 de noviembre de 2010

Vivir en penumbra

Loreto Costa, (Murra, Nicaragua).- Esmérita tiene 67 años y nunca había ido al oculista. Vive en Piedras Blancas y hoy acude al centro de salud de Murra aprovechando la visita de la brigada médica española. Hace dos años que sufre Pterigium en los dos ojos. Se trata de una acumulación del tejido conjuntivo que crece e invade la córnea llegando hasta el centro del ojo o incluso superándolo.

La pérdida de visión que provoca puede llegar hasta el 90%. Es muy frecuente en Nicaragua por la exposición directa y prolongada al sol, trabajando en el campo. De hecho, el 40% de los pacientes atendidos por las oftalmólogas gallegas tenía Pterigium, (carnosidad, la llaman aquí).

Esmérita acude a la consulta acompañada de su hijo Víctor, de cuarenta años, que padece la misma patología. “Hace un tiempo que veo turbio”, dice la mujer, y añade “Ya no puedo costurar, me molesta mucho la luz, el resplandor. Y también me da  quemazón cuando trabajo en el campo, plantando frijolitos y cafecito”. Le dan unas gafas para la presbicia, es decir, para ver mejor de cerca y deciden operarla primero a ella y después a su hijo.

No hay quirófano así que Fina, la voluntaria más veterana del grupo, ayudada por Teruca, enfermera que se estrenaba tanto en el terreno como en una  intervención oftalmológica, realizan la intervención en una habitación corriente. Un pequeño cuarto amueblado únicamente con una camilla y una mesa. Mientras, Minuca continúa pasando consulta con el apoyo de Mónica.

Durante los 20 minutos que dura la intervención, Esmérita, aunque está nerviosa, se mantuvo prácticamente inmóvil. Le operan solo un ojo, para que pueda ver para volver a casa (andando le lleva una hora) y también durante el postoperatorio.

Para distraerla y ayudarla a relajarse, la oftalmóloga empieza a hacerle preguntas sobre su vida. La primera, un clásico “¿tiene conviviente?”. A Fina le encanta esa palabra. Por su experiencia de tantos años y por la religiosidad que impera en esta sociedad, la coruñesa le pregunta a la anciana si está rezando. Esmérita dice que sí, al Santísimo, Dios Todopoderoso. “Pues rece también por nosotras de paso, para que todo salga bien”, dice con retranca Fina. “Es que tengo que estar muy agradecida a Dios”, añade la mujer. “Si todo va bien fue cosa de Dios, si sale mal, fue culpa del cirujano. Como me dijo una vez una paciente. Ai!, é que Dios non ten mans” nos dice a nosotros riendo la gallega.

Mientras Esmérita se incorpora, Fina continúa interrogándola, para ayudarnos también  a conseguir información para el reportaje audiovisual que estamos haciendo. La anciana resume su vida en pocas palabras. “Tuve marido hasta que se hizo de otra. Fui dejada con los 4 niños bien chiquitos. Tuve que sacarlos adelante yo sola, con mucho sacrificio”.

La segunda patología oftalmológica más frecuente son los traumatismos oculares. La tercera, defectos de refracción. Gente que necesita gafas porque ve mal de cerca y eso les dificulta realizar su trabajo habitual. Es común aquí por el envejecimiento prematuro de la población, igual que las cataratas.

La gente que vive en estas comunidades rurales no tiene dinero para comprarse gafas. Además tampoco es un artículo de primera necesidad. Minuca nos cuenta “el primer año traíamos monturas y les dábamos a los pacientes la receta para que pasaran por la óptica a recoger los vidrios”. Su precio era de 503 córdobas (18 euros). Antes de volver a España las oftalmólogas pasaron por la tienda para saber cuantos habían ido a buscar las gafas y se encontraron con que ni uno solo lo había hecho.

Todo lo contrario que Arling. El pequeño, de 10 años no se quita las gafas ni un segundo. Lo conocimos en el centro de salud. Después lo encontramos en la escuela y luego venía a hacernos visitas al ambulatorio.

Nos hicimos amigos y, como le gustaba leer, el último día, por la tarde, Miguel le regaló el libro que se había llevado al viaje, Tuareg.  Por la noche regresábamos a Ocotal. Arling vino a despedirnos. Dijo que no nos iba a olvidar. Después, se acercó a Caruncho y con su dulce sonrisa le contó que ya se había leído dos páginas

lunes, 8 de noviembre de 2010

Entrevista a Fina - Oftalmóloga de Solidariedade Galega en Nicaragua

Fina Pombo es oftalmóloga en el Chuac (Centro Hospitalario Universitario de A Coruña). Lleva 12 años colaborando como voluntaria, dedicando sus vacaciones a pasar consulta en las comunidades más desfavorecidas de Hondura, Perú y Nicaragua. Actualmente tambien están en la ONG Solidariedade Galega su marido Antón y su hija Antía.


domingo, 7 de noviembre de 2010

Contigo y con otra


Loreto Costa, (Murra, Nicaragua).- "Queda muy largo". Así me respondían las mujeres de Rosario, comunidad a  28 kilómetros de  Murra, cuando les preguntaba de donde venían. Para poder ser atendidas por las doctoras gallegas sus habitantes deben viajar en camión (habilitado como un autobús), a caballo o ir caminando.

Tres horas en camioneta, como le llaman, o 8 horas andando, es el tiempo que tardan en recorrer esa distancia. El vehículo sale de Rosario a las 5 de la mañana, a las 8 y a las 11. El último para regresar es a las 2 de la tarde, por eso muchos pacientes tienen que dormir en Murra alojados en casas de familiares, o conocidos, o en el propio centro de salud.

Mónica y Miguel se desplazaron hasta allí en ambulancia para ver las necesidades del pueblo, por si el año que viene pueden ir a prestarles atención sanitaria. Tardaron dos horas en ambulancia. El centro de salud de Rosario cuenta con una sala para ginecología, otra para urgencias y poco más. Hay un compartimento para la medicación, que hace las veces de farmacia y tiene un colchón en el suelo para que duerma el médico que esté de guardia. 

Al llegar Mónica y Miguel se encontraron a una mujer dándole de mamar a su bebé, enfermo de  neumonía, con un suero conectado. Llevaba 24 horas sentada en una silla y, de momento, no pensaban trasladarla.

Desde otra población lejana, San Gerónimo, viene Santos Marina Banegas, de 36 años. Cogió la camioneta de las seis de la mañana y llegó al centro de salud de Murra con su quinto hijo, de tan solo 45 días, a las 8. Le toca entrar en la consulta a las 2 de la tarde.

El papanicolau (citología) que se hizo en abril le salió alterado por lo que viene a hacerse otro de control. Pilar le explica que tiene una infección por el virus del papiloma humano, que se contrae por transmisión sexual y que al hombre no le afecta en nada pero en la mujer puede provocar cáncer de cuello uterino.

Santos responde negativamente cuando la ginecóloga le pregunta si ha tenido otras parejas anteriormente o si su marido, con el que lleva 20 años, ha estado con otras mujeres. Mientras le realiza el papanicolau Pilar le intenta hacer entender la gravedad en la que puede derivar esa infección si no se controla ni se trata.

Con mucha delicadeza, a través de otro tipo de preguntas, la especialista consigue que la paciente le proporcione un poco más de información. Con una mezcla de pudor, timidez y vergüenza (pena, le dicen aquí) Santos acaba reconociendo que igual su marido anda con otras, que ella no lo sabe. Como método anticonceptivo utiliza la inyección. “Eso solo evita el embarazo, pero no las enfermedades. Tiene que utilizar el preservativo porque la que sale perjudicada es usted”, le aconseja la ginecóloga de Lugo. La mujer no contesta y sale de la consulta. Se sienta en la sala de espera y cambia el pañal de su bebé, un trozo de tela sujeto con dos imperdibles.


Una tras otra las mujeres que pasan por la consulta van negando las infidelidades de sus maridos o "convivientes". Con mucha suavidad, Pilar va hablando con ellas para que se den cuenta de la realidad en la que viven. "Este virus no es como una planta que nace sola" o "si usted no estuvo con otro y el tampoco... ¿cómo nos explicamos esto?". Vilma Lago se apresura a decir que ella no. Tras una larga pausa Pilar continúa. "El es un poco mentiroso, ¿no?. ¿Se enfada cuando le lleva la contraria?"... y  Vilma, apretando los labios, baja la mirada y asiente.


Hablando con estas mujeres te das cuenta de el grado de sumisión que tienen ante el varón. La mayoría de los hombres tienen varios hijos con una mujer y a la vez tienen relaciones fuera de la pareja. Es frecuente además que en cualquier momento dejen a una por otra sin volver siquiera a visitar a sus vástagos.

Eso le ocurrió a Rita, una viejecita entrañable de 60 años, que no pasaba del metro cuarenta de estatura. Tuvo seis partos pero tres niños le murieron. A los otros los sacó adelante ella sola después de que su marido la dejara por otra. "Fui madre y padre a la vez", dice con un gesto que refleja lo dura que ha sido su vida.

Rita tiene prolapso uterino. Pilar le propone operarse dentro de 10 días en Quilalí, donde hay un quirófano. Entonces la mujer, con un hilillo de voz, dice que no puede ir porque es muy pobre y esa comunidad queda muy lejos de San Gregorio, la zona de montaña donde vive.

La anciana tuvo que quedarse a dormir en el centro de salud porque ya no había camión para regresar. A la mañana siguiente, Pilar, Marta y yo la fuimos a visitar para darle algo de ropa y unos córdobas (moneda nicaragüense) para que pueda pagar el transporte hasta Quilalí. Emocionada, Rita se deshacía en agradecimientos. Al despedirnos, el contacto de nuestras manos provocó, durante unos segundos, un sentimiento de unión difícil de explicar.

Esa misma noche oímos cantar entre risas a unos hombres que iban borrachos por la calle “cuatro meses contigo mi amor, cuatro meses con otra. Y los cuatro meses que quedan…. contigo, con otra y con otra”.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Alerta sanitaria

Loreto Costa, (Murra, Nicaragua).- Nicaragua es el segundo país más pobre de Latinoamérica. Actualmente está activa una alerta sanitaria a causa de un brote de leptospirosis, una enfermedad provocada por una bacteria que se encuentra en el orina de los animales, especialmente de las ratas. La infección leve puede provocar solo sintomatología leve falta de apetito, fiebre y/o vómitos.

La sintomatología en una primera fase  es similar a la de un resfriado común, a la de la malaria o a la fiebre amarilla. En una segunda fase, de mayor gravedad, provoca hemorragias intestinales, arritmia, insuficiencia cardiaca y renal. Y si no se trata, en casos extremos, los daños renales o cardiacos pueden provocar la muerte

En Nicaragua hay 16 departamentos (comarcas) afectados y 15 muertos. La población está recibiendo tratamiento preventivo a base de doxiciclina (dos comprimidos a la semana durante tres semanas) pero aún así, vemos situaciones  de riesgo como bañarse en ríos contaminados o falta de higiene personal y en el hogar, donde además de cohabitar con  ratas, mantienen contacto con animales domésticos como perros o cerdos sin preocuparse de lavarse después para evitar un posible contagio.

La falta de higiene suele acentuarse con la pobreza y en Nicaragua abundan ambas. Se han conseguido avances, sobre todo a través de la educación de los menores, pero, a pesar de los esfuerzos del personal sanitario para informar a la población sobre hábitos saludables, queda un largo camino que recorrer.

En localidades rurales como Murra se está realizando un gran trabajo en la erradicación de enfermedades importantes y endémicas de la zona. Se ha reducido el número de casos de malaria, muerte neonatal, brotes de lehismaniasis (similar a la malaria) convirtiendo la enfermedad crónica en edad avanzada en la principal causa de morbi-mortalidad.

Gracias a la planificación familiar se ha reducido considerablemente la mortalidad infantil. Por el contrario, ha aumentado la mortalidad por violencia con arma blanca o de fuego. La edad media de embarazo va de los 13 hasta 40 años, con un promedio de 4 a 6 hijos.

Entrevista a Dinora Monje, enfermera en el centro de salud de Murra


El equipo de AGARESO entrevista a Dinora Monje, una enfermera de obstetra, con 15 años de experiencia, que además lleva todo el trabajo administrativo del centro de salud de Murra. Empezó a colaborar a los quince años y después se fue a estudiar a Ocotal. Tiene 32 años y solo un hijo, de 12, que también colabora en la brigada juvenil. Entre ella y otras dos enfermeras prestan atención a 16.000 personas.


FOTONOTICIA: En el vientre de la bestia

La brigada médica de Solidariedade Galega en Nicaragua no trabaja solo en las zonas rurales de Nueva Segovia. Otro grupo, compuesto por un urólogo, un intensivista, dos fisioterapeutas, una enfermera y un otorrino se desplazaron a la costa para tratar a los pescadores de la zona.

Fotografía: Eduardo Castro
Las cosas se ven bastante claras una vez que te instauras en el vientre de la bestia y te serenas. En realidad no se está tan mal ahí adentro si puedes pensar que alguien te espera a la salida; de no ser así, me imagino que lo mismo debe dar descender otros diez metros hasta la profundidad prohibida y que reviente todo, ...ya lo dijo el poeta chileno...(no, no es Neruda)

Y tú también te irás, hermana mía.
 Condenado a vivir sin compañera
 he de perder hasta la pena un día
 para acechar cual triste penitente
 a través de mi pálida vidriera
 el último milagro de la muerte.

                             Eduardo

viernes, 5 de noviembre de 2010

Mi cuerpo es tuyo


Loreto Costa, (Murra, Nicaragua).- Apenas hay sitios libres en la sala de espera de ginecología. Decenas de mujeres de rostros curtidos por el sol, en los que puede leerse en cada arruga la dureza de sus vidas.

En un solo día Pilar ha atendido a 59 pacientes con todo tipo de patologías y realización de pruebas diagnósticas como legrados, ecografías, citologías, biopsias de cérvix… cuando en España lo habitual es realizar un máximo de 30 consultas en las que no se practican ese tipo de intervenciones. Suelen ser primeras citas e informar de pruebas anteriores.

La mayoría de las mujeres parecen tener más edad de la que realmente tienen. Predomina el matriarcado, la mujer es la que lleva el peso de la familia. El hombre va y viene con total libertad. En muchos casos ni siquiera aporta dinero o recursos, sin embargo, tiene poder de decisión sobre el cuerpo de la mujer.

Los hombres consideran que las mujeres existen para servir y agradar a los varones hasta el punto que ellos deciden qué es lo que ellas pueden o no hacer. Les quitan autonomía y capacidad. En definitiva, les arrebatan sus derechos.

Paula Francisca tiene 33 años,  cinco hijos y espera el sexto, una niña que viene de nalgas según revela la ecografía que le hace Pilar. No quiere tener más, pero su marido no quiere que se haga una ligadura de trompas. De usar preservativo tampoco quiere ni oír hablar, nos dice Paula.

Con 30 años Marta Nidia tiene 7 hijos. Ha venido al centro de salud caminando durante dos horas, al lado de su marido, montado a caballo con la menor de sus hijas de tan solo un año. El resto de sus hijos se quedaron en casa solos, a cargo de la mayor, de 13 años. Dice que su marido quiere tener más hijos porque es evangelista. “Yo no deseo estar pariendo todo el tiempo pero me da miedo la operación”, dice en voz baja.

Al hablar de casos así, Dinara, enfermera obstetra comenta espontáneamente “el pastor y su mujer planifican (toman medidas anticonceptivas) pero no dejan que su rebaño planifique”.

Aunque no es habitual, hay mujeres jóvenes que se han hecho la ligadura de trompas, como Xiomara, de 25 años, aunque eso sí, después de tener cinco hijos. El primero lo tuvo a los 15 años. La última es una niña de 8 meses, que juega en el pasillo. Tras ese parto decidió operarse, de acuerdo con su marido, dice.

En Murra descubrimos que las niñas se inician en las relaciones sexuales con 13 años, edad a la que además, muchas quedan embarazadas. También hay casos de violencia sexual, incluso dentro de la propia unidad familiar.

El Estado y la Iglesia también han determinado políticas para controlar el cuerpo de las mujeres. Hace un año que se ha prohibido la interrupción del embarazo, aún cuando éste pone en riesgo la salud y la vida de la mujer.

Este cartel está en la casa de maternidad, donde se alojan las mujeres embarazadas las últimas semanas antes del parto. No es necesario decir más.