Presentación del proyecto

Un equipo sanitario, formado por personal del CHUAC, centros de salud de primaria y especializada de A Coruña, Complexo Hospitalario Xeral – Calde de Lugo y Arquitecto Marside de Ferrol, proporciona asistencia sanitaria especializada quirúrgica, de consulta y formativa en los municipios de Murra, Quilalí , Wiwilí y Ocotal, en el departamento de Nueva Segovia (Nicaragua). Tres mil personas se ven beneficiadas por este proyecto sanitario de cooperación internacional con una década de experiencia.

Agareso y Solidaridade Galega visibilizan en este Diario de A Bordo la promoción de calidad sanitaria en este país centroaméricano.


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lunes, 15 de noviembre de 2010

Cambiar una vida

Loreto Costa (Ocotal, Nicaragua).- Con tan solo cinco años Yeudi pasará por tercera vez por el quirófano. Nació con los pies zambos y caminaba apoyándose en la cara externa del pie, prácticamente con el tobillo.

La conocimos jugando en el pasillo del hospital de Ocotal. Es una niña despierta y muy sociable, menos vergonzosa que otros pequeños. Como a casi todos los niños le encanta que le haga fotografías y verse en ellas. Hacemos varias antes de ponernos a dibujar. Al regalarle una caja de colores se la acerca al pecho con una gran sonrisa diciendo “qué bonito”.

La operación de la niña está programada para las doce y media pero su madre intenta que se adelante “porque su hija tiene hambre y no puede estar tantas horas sin comer”. César le explica que ella decide pero “el hambre se pasa comiendo, los pies no. Piénselo bien. Ya se fue hace dos días por ese motivo y sinceramente creo que vale la pena que la niña pase hambre unas horitas por una operación que le puede cambiar la vida.”
 
Yeudi entra en el quirófano tranquila, en el colo de María. Con voz dulce la enfermera la va preparando para la operación. Al ponerle el saturímetro en el dedo (es una especie de pinza que sirve para controlar el nivel de oxígeno en sangre) la niña se pone a jugar, igual que con el balón de anestesia. María y Carmen le dicen que es una chimbomba (globo) que tiene que inflar. 

Yeudi sonríe y agarra la mascarilla. Sin embargo su cara cambia al ver que Enrique tiene una jeringuilla en la mano. “Yo no quiero eso”, dice. Al acostarla en la camilla rompe a llorar.

Con ese llanto se despierta de la anestesia dos horas después. Solo está su madre para intentar calmarla, pero Yeudi llora desconsolada reclamando a su madre. Juan, César y Arturo nos comentan que no tiene dolor y que la operación ha sido un éxito aunque más compleja de lo previsto inicialmente.

El llanto de Yeudi contrasta con la serenidad de Katerine. Tiene 8 años y ha sido operada de las rodillas. Arturo nos la presenta en la habitación de planta donde está ingresada. Un cuarto de paredes descascarilladas y camas metálicas que enfrían un ambiente cargado de emociones y sufrimientos.

En él comparten espacio, niños y mayores de ambos sexos. Katerin tiene el gesto absolutamente serio. No se inmuta con los halagos ni con las fotografías. Pero cuando Arturo y María le regalan un muñeco, su boca forma una leve sonrisa.

En esa misma cama se recuperará un día después  Flavia, una adolescente de 14 años. “Me van a cortar un pie”, dice  sonriendo ligeramente.  Es de Jalapa. También nació con los pies zambos. Fue operada de pequeña pero no quedó bien.

El tobillo comenzó a inflamarse y a adquirir un patrón similar a una elefantiasis (tumefacción exagerada de la pierna) y una brigada americana le practicó una biopsia para ver si estaba afectada por la tuberculosis. “La incisión se infectó y necrosó el hueso” dice César, “No se podía hacer otra cosa, de lo contrario en un futuro tendrían que amputarle la pierna”. Cuando se lo dijeron, Flavia lloró toda su desgracia de una vez.

Al día siguiente  ya lo había asumido y su rostro volvió a transmitir su habitual belleza y dulzura y en poco tiempo retomará una adolescencia que no había podido disfrutar hasta el momento.

Anestesia total

Loreto Costa, (Ocotal, Nicaragua).- De camino a Ocotal dejamos a Marta y a Puri en Quilalí, donde iban a trabajar una semana. El resto de la brigada se quedó en Wiwilí tres dìas más. Nosotros continuamos hasta la ciudad donde se había refugiado el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, el año pasado.

Durante dos horas le estuvimos preguntando a Lidia historias sobre la revolución sandinista. El país está actualmente dividido entre los que apoyan al presidente, Daniel Ortega (danielistas) los que son críticos con algunas de sus actuaciones y decisiones (sandinistas), y los que conforman la oposición (liberales). 

Llegamos al hospital de Ocotal a las ocho de la mañana del día siguiente. En la sala de espera ya estaba Yaosca con su hijo, “nuestro ahijado”, el bebé Asensio (mientras no tienen nombre los niños son registrados en el hospital con el apellido del padre).

Salió a las tres de la mañana de Wiwilí para que César valorara al niño. El traumatólogo de As Pontes le da una buena noticia a Yaosca, el bebé está bien, no tiene los pies zambos, están deformados por una postura durante el embarazo.

Por la consulta de traumatología pasaron numerosos pacientes como Sabina, una mujer de 49 años con una enfermedad neurológica muy agresiva que le afecta a la movilidad de las dos piernas. “Camino con la canilla (muleta) saltando con una pierna”, dice. Su problema no es muscular. César le da pastillas para que le alivien el dolor, no se puede hacer más por ella.

Después de pasar consulta los tres traumatólogos gallegos entraron en quirófano. El primer paciente era Neri Beltrán, de 22 años. Tuvo luxado un codo durante 9 meses, por un accidente de tráfico, algo inconcebible en España. También tuvieron que hacerle una traqueotomía, que lo dejó mudo.

La segunda operación fue a Isai, un niño de 12 años, de Murra. “Se rompiò el brazo al caer de una viga”, dice su madre con un tono de reproche tan familiar como el de cualquier madre gallega. Isai tiene unos ojos preciosos pero el gesto serio, como desconfiado. Estaba con sus abuelos en Jícaro para poder ir a la escuela.

Después de la operación, su madre comenta que el niño tenía miedo, creía que al dormirse iba a “amanecer muerto”. Puede ser un efecto secundario de la ketamina, sedante que se utiliza para anestesiar a los pacientes.

Estando en el quirófano, Juan, César y Arturo nos comentan los problemas de higiene y esterilización que han tenido. Una plaga de hormigas y falta de agua, suciedad, presencia de insectos….son algunas de las adversidades higiénicas que ha tenido que superar el personal sanitario gallego.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Revolucionados

Los pacientes se arremolinan esperando su turno en los pasillos
Loreto Costa, (Wiwili, Nicaragua).- La llegada de la brigada médica española revolucionó el centro de salud de Wiwilí. Los pasillos estaban abarrotados de gente, a pesar de que los médicos dicen que no avisaron de la llegada de las especialistas españolas para que no se colapsara el centro.

Pilar, la ginecóloga, atendió a 40 pacientes en una sola mañana, 110 personas pasaron por la consulta de oftalmología de Minuca y Fina, y Marta realizó 125 extracciones en un solo día, a pesar de tener que utilizar una silla común.

Pero además de enfermos, la asistencia de tanta gente al centro de salud atrajo también a personas que vieron la oportunidad de ganar unos pesos. Niñas que vendían rosquillas, mujeres que montaron un puesto con huevos, frijoles y comida casera, u otras que se trajeron hasta el asadero. El olor de la carne a la brasa se colaba a través de los cristales rotos de la consulta de odontología.

La estampa recordaba por momentos a un día de feria. Por los pasillos e incluso dentro de una consulta ginecológica nos encontramos con perros, buscando restos de comida. En la cola para oftalmología había una señora con una gallina. Y en el exterior de la entrada principal vimos un cerdo comiendo hierbecillas.

También nosotros llamamos la atención por andar con las cámaras de fotos y video, por “chelas” (blanquitos de piel) y por tener el cabello rubio. Cintia, la chiquilla encargada del ciber, me preguntó si me teñía el pelo. Al decirle que no, afirmó “pero los lunares si te los pintas”. Y mientras Miguel estaba grabando recursos, una niña que lo observaba se acercó a Miguel y le dijo ¿“Vas a ganar un Óscar”?

Igual que nosotros resultamos curiosos para ellos, a nosotros nos llaman la atención casos poco habituales en nuestra realidad diaria. “Fui baleado en los sentidos y desde aquella veo mal”, dice un hombre de 45 años al que le entró una bala en la sien durante la guerra. “¿Lo cogieron en una balasera?” lo interroga Fina utilizando vocabulario local en lugar de fuego cruzado. “¿Fue la contra?”, añade.“No, de la contra era yo. Fue el ejército sandinista”, contesta el hombre. La oftalmóloga coruñesa diagnostica que la bala debió dañar alguna terminación nerviosa y eso le provocó un dolor residual.

El otro caso era el de un chico joven, de 22 años, que recibió una puñalada en la ceja y otra en el pulmón. “Quería ver la posibilidad que tengo de recuperar la visión”, le dice a Minuca. Tenía el párpado caído y no veía nada. El ojo no se le movía. Lo habían agredido hacía un año al intentar robarle en casa. No lo denunció porque “pasaría como mucho 3 meses en la cárcel y cuando saliera sería enemigo de uno”.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

De traslado


Loreto Costa, (Wiwili, Nicaragua).- El viaje de Ocotal a Wiwilí fue largo y  tortuoso por el mal estado de la carretera, una pista de tierra y piedras. Nos llevó cuatro horas y media recorrer en coche 123 kilómetros. Viajamos en dos ambulancias. En una iban, con todo el equipaje y material sanitario, Mónica, la coordinadora, y Miguel, para grabar la otra ambulancia en la que íbamos las demás.

A medio camino, más o menos, dan aviso de una emergencia. Hay que trasladar, desde Quilalil  al hospital de Ocotal, a un niño con neumonía y necesitan la ambulancia.

Mientras Mónica y Miguel esperan en el centro de salud del pueblo con todo el equipaje que hubo que descargar del vehículo, nosotras 7 continuamos camino de Wiwilí.

Durante el trayecto anocheció y percibimos con claridad el peligro que corren las personas que van caminando por el margen de la carretera completamente a oscuras. Algunos portan una pequeña linterna. Los menos.


Pero más sorprendente fue lo que les pasó a Mónica y a Miguel. En el medio y medio de la calzada se encontraron a un hombre ebrio durmiendo. El conductor no paró. Simplemente lo esquivó. Poco después vieron un pollo, cruzando delante del coche. Entonces Elías paró, bajó y lo levantó por el cuello.

Ante la mirada atónita de los dos, el chófer se puso a conducir con una sola mano, mientras llevaba en la otra el pollo por fuera de la ventanilla para gastarles una broma a los españoles. Ante esa situación, Mónica y Miguel rompieron a reír a carcajadas y empezaron a bromear con el conductor. “Puede hacerse una rica sopa si quiere”, le dice a Miguel vacilón.

Llegamos a Wiwilí sobre las ocho y media de la tarde, cansadas y “mazadas” por los botes que pegaba el coche, pero conscientes de que eso no era nada comparado con los trayectos que tenían que hacer muchas personas para poder ser atendidas por especialistas gallegas.
 
A las nueve se fue la corriente y, con la tenue luz de un par de velas y linternas, esperamos por ellos hasta la una de la madrugada para ayudarles a descargar las maletas. Al día siguiente tampoco había energía eléctrica por lo que no se pudieron hacer ecografías, por ejemplo.

En Wiwilí hay actualmente 235 embarazadas. La gran mayoría de ellas nunca se ha hecho un ultrasonido, como le llaman aquí, a pesar de haber parido ya cinco o seis hijos. Teresa Falcón es una de ellas. Tiene 25 años y está embarazada de su sexto hijo. “Tengo 5 varones y me gustaría una hembra”, me dice mientras le hacen una ecografía. Sin embargo, la prueba revela que trae otro niño.
 
También viene a hacerse una ecografía Ángela. Llegó en bote junto con otras 14 embarazadas, procedentes de comunidades muy alejadas, que hasta ahora habían parido siempre en casa. Salió de su casa a las tres de la mañana, y después de caminar tres horas para llegar al río, montó en la lancha ambulancia.

Llegaron a las ocho y media de la mañana a la playa del río, donde las recogieron en coche para trasladarlas al centro de salud, donde están trabajando las especialistas españolas.

Sin embargo, poco a poco estos casos de multiparidad van disminuyendo. Al hablar en la sala de espera con algunas mujeres comprobamos que está bastante extendida la planificación familiar. Muchas tienen solo un hijo o dos y no se plantean tener  más por el momento. “Las mujeres ya no quieren hacer chavales. Están negadas”, comenta un hombre en el hospedaje donde nos alojamos.

martes, 9 de noviembre de 2010

TESTIGO DIRECTO: Mejor sola que mal acompañada

Loreto Costa, (Murra, Nicaragua).- Colindre tiene 73 años y 9 hijos. Su historia es un claro ejemplo de la vida que llevan las mujeres nicaragüenses en las comunidades rurales como Murra.

Colindre tuvo un marido y un conviviente. Su primer marido le pegaba “desde el mismo momento que salimos de la iglesia”, dice. Después convivió con otro hombre que la trató bien hasta que le fue infiel con otra.

Ella sola sacó adelante a sus hijos, haciendo de madre y de padre a la vez. Ahora, en su pulpería (tiendecita similar a un ultramarinos) nos cuenta su relato vital.

Vivir en penumbra

Loreto Costa, (Murra, Nicaragua).- Esmérita tiene 67 años y nunca había ido al oculista. Vive en Piedras Blancas y hoy acude al centro de salud de Murra aprovechando la visita de la brigada médica española. Hace dos años que sufre Pterigium en los dos ojos. Se trata de una acumulación del tejido conjuntivo que crece e invade la córnea llegando hasta el centro del ojo o incluso superándolo.

La pérdida de visión que provoca puede llegar hasta el 90%. Es muy frecuente en Nicaragua por la exposición directa y prolongada al sol, trabajando en el campo. De hecho, el 40% de los pacientes atendidos por las oftalmólogas gallegas tenía Pterigium, (carnosidad, la llaman aquí).

Esmérita acude a la consulta acompañada de su hijo Víctor, de cuarenta años, que padece la misma patología. “Hace un tiempo que veo turbio”, dice la mujer, y añade “Ya no puedo costurar, me molesta mucho la luz, el resplandor. Y también me da  quemazón cuando trabajo en el campo, plantando frijolitos y cafecito”. Le dan unas gafas para la presbicia, es decir, para ver mejor de cerca y deciden operarla primero a ella y después a su hijo.

No hay quirófano así que Fina, la voluntaria más veterana del grupo, ayudada por Teruca, enfermera que se estrenaba tanto en el terreno como en una  intervención oftalmológica, realizan la intervención en una habitación corriente. Un pequeño cuarto amueblado únicamente con una camilla y una mesa. Mientras, Minuca continúa pasando consulta con el apoyo de Mónica.

Durante los 20 minutos que dura la intervención, Esmérita, aunque está nerviosa, se mantuvo prácticamente inmóvil. Le operan solo un ojo, para que pueda ver para volver a casa (andando le lleva una hora) y también durante el postoperatorio.

Para distraerla y ayudarla a relajarse, la oftalmóloga empieza a hacerle preguntas sobre su vida. La primera, un clásico “¿tiene conviviente?”. A Fina le encanta esa palabra. Por su experiencia de tantos años y por la religiosidad que impera en esta sociedad, la coruñesa le pregunta a la anciana si está rezando. Esmérita dice que sí, al Santísimo, Dios Todopoderoso. “Pues rece también por nosotras de paso, para que todo salga bien”, dice con retranca Fina. “Es que tengo que estar muy agradecida a Dios”, añade la mujer. “Si todo va bien fue cosa de Dios, si sale mal, fue culpa del cirujano. Como me dijo una vez una paciente. Ai!, é que Dios non ten mans” nos dice a nosotros riendo la gallega.

Mientras Esmérita se incorpora, Fina continúa interrogándola, para ayudarnos también  a conseguir información para el reportaje audiovisual que estamos haciendo. La anciana resume su vida en pocas palabras. “Tuve marido hasta que se hizo de otra. Fui dejada con los 4 niños bien chiquitos. Tuve que sacarlos adelante yo sola, con mucho sacrificio”.

La segunda patología oftalmológica más frecuente son los traumatismos oculares. La tercera, defectos de refracción. Gente que necesita gafas porque ve mal de cerca y eso les dificulta realizar su trabajo habitual. Es común aquí por el envejecimiento prematuro de la población, igual que las cataratas.

La gente que vive en estas comunidades rurales no tiene dinero para comprarse gafas. Además tampoco es un artículo de primera necesidad. Minuca nos cuenta “el primer año traíamos monturas y les dábamos a los pacientes la receta para que pasaran por la óptica a recoger los vidrios”. Su precio era de 503 córdobas (18 euros). Antes de volver a España las oftalmólogas pasaron por la tienda para saber cuantos habían ido a buscar las gafas y se encontraron con que ni uno solo lo había hecho.

Todo lo contrario que Arling. El pequeño, de 10 años no se quita las gafas ni un segundo. Lo conocimos en el centro de salud. Después lo encontramos en la escuela y luego venía a hacernos visitas al ambulatorio.

Nos hicimos amigos y, como le gustaba leer, el último día, por la tarde, Miguel le regaló el libro que se había llevado al viaje, Tuareg.  Por la noche regresábamos a Ocotal. Arling vino a despedirnos. Dijo que no nos iba a olvidar. Después, se acercó a Caruncho y con su dulce sonrisa le contó que ya se había leído dos páginas

sábado, 6 de noviembre de 2010

Alerta sanitaria

Loreto Costa, (Murra, Nicaragua).- Nicaragua es el segundo país más pobre de Latinoamérica. Actualmente está activa una alerta sanitaria a causa de un brote de leptospirosis, una enfermedad provocada por una bacteria que se encuentra en el orina de los animales, especialmente de las ratas. La infección leve puede provocar solo sintomatología leve falta de apetito, fiebre y/o vómitos.

La sintomatología en una primera fase  es similar a la de un resfriado común, a la de la malaria o a la fiebre amarilla. En una segunda fase, de mayor gravedad, provoca hemorragias intestinales, arritmia, insuficiencia cardiaca y renal. Y si no se trata, en casos extremos, los daños renales o cardiacos pueden provocar la muerte

En Nicaragua hay 16 departamentos (comarcas) afectados y 15 muertos. La población está recibiendo tratamiento preventivo a base de doxiciclina (dos comprimidos a la semana durante tres semanas) pero aún así, vemos situaciones  de riesgo como bañarse en ríos contaminados o falta de higiene personal y en el hogar, donde además de cohabitar con  ratas, mantienen contacto con animales domésticos como perros o cerdos sin preocuparse de lavarse después para evitar un posible contagio.

La falta de higiene suele acentuarse con la pobreza y en Nicaragua abundan ambas. Se han conseguido avances, sobre todo a través de la educación de los menores, pero, a pesar de los esfuerzos del personal sanitario para informar a la población sobre hábitos saludables, queda un largo camino que recorrer.

En localidades rurales como Murra se está realizando un gran trabajo en la erradicación de enfermedades importantes y endémicas de la zona. Se ha reducido el número de casos de malaria, muerte neonatal, brotes de lehismaniasis (similar a la malaria) convirtiendo la enfermedad crónica en edad avanzada en la principal causa de morbi-mortalidad.

Gracias a la planificación familiar se ha reducido considerablemente la mortalidad infantil. Por el contrario, ha aumentado la mortalidad por violencia con arma blanca o de fuego. La edad media de embarazo va de los 13 hasta 40 años, con un promedio de 4 a 6 hijos.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Mi cuerpo es tuyo


Loreto Costa, (Murra, Nicaragua).- Apenas hay sitios libres en la sala de espera de ginecología. Decenas de mujeres de rostros curtidos por el sol, en los que puede leerse en cada arruga la dureza de sus vidas.

En un solo día Pilar ha atendido a 59 pacientes con todo tipo de patologías y realización de pruebas diagnósticas como legrados, ecografías, citologías, biopsias de cérvix… cuando en España lo habitual es realizar un máximo de 30 consultas en las que no se practican ese tipo de intervenciones. Suelen ser primeras citas e informar de pruebas anteriores.

La mayoría de las mujeres parecen tener más edad de la que realmente tienen. Predomina el matriarcado, la mujer es la que lleva el peso de la familia. El hombre va y viene con total libertad. En muchos casos ni siquiera aporta dinero o recursos, sin embargo, tiene poder de decisión sobre el cuerpo de la mujer.

Los hombres consideran que las mujeres existen para servir y agradar a los varones hasta el punto que ellos deciden qué es lo que ellas pueden o no hacer. Les quitan autonomía y capacidad. En definitiva, les arrebatan sus derechos.

Paula Francisca tiene 33 años,  cinco hijos y espera el sexto, una niña que viene de nalgas según revela la ecografía que le hace Pilar. No quiere tener más, pero su marido no quiere que se haga una ligadura de trompas. De usar preservativo tampoco quiere ni oír hablar, nos dice Paula.

Con 30 años Marta Nidia tiene 7 hijos. Ha venido al centro de salud caminando durante dos horas, al lado de su marido, montado a caballo con la menor de sus hijas de tan solo un año. El resto de sus hijos se quedaron en casa solos, a cargo de la mayor, de 13 años. Dice que su marido quiere tener más hijos porque es evangelista. “Yo no deseo estar pariendo todo el tiempo pero me da miedo la operación”, dice en voz baja.

Al hablar de casos así, Dinara, enfermera obstetra comenta espontáneamente “el pastor y su mujer planifican (toman medidas anticonceptivas) pero no dejan que su rebaño planifique”.

Aunque no es habitual, hay mujeres jóvenes que se han hecho la ligadura de trompas, como Xiomara, de 25 años, aunque eso sí, después de tener cinco hijos. El primero lo tuvo a los 15 años. La última es una niña de 8 meses, que juega en el pasillo. Tras ese parto decidió operarse, de acuerdo con su marido, dice.

En Murra descubrimos que las niñas se inician en las relaciones sexuales con 13 años, edad a la que además, muchas quedan embarazadas. También hay casos de violencia sexual, incluso dentro de la propia unidad familiar.

El Estado y la Iglesia también han determinado políticas para controlar el cuerpo de las mujeres. Hace un año que se ha prohibido la interrupción del embarazo, aún cuando éste pone en riesgo la salud y la vida de la mujer.

Este cartel está en la casa de maternidad, donde se alojan las mujeres embarazadas las últimas semanas antes del parto. No es necesario decir más.

Caries en la educación


Loreto Costa, (Murra, Nicaragua).- A las ocho de la tarde del miércoles se fue la luz. A la mañana siguiente aún no había vuelto. “Tiene que llegar un técnico de Unión Fenosa desde Ocotal para arreglarlo. Ya está avisado”, nos dice una enfermera. 

A Fina y Minuca ese contratiempo no les impedía pasar consulta de oftalmología. Pero Pilar no podía hacer ecografías y Marta tendría que limitarse a realizar extracciones. Alternativa, adelantar la visita al colegio para educar a los niños sobre higiene bucal.

Clase por clase, decoradas con símbolos patrios, la odontóloga lucense les pregunta a los escolares si tienen cepillo, si se lavan los dientes, si toman fruta… y les aconseja “hay que lavarse los dientes tres veces al día, de arriba abajo, también la lengua y las muelitas”.  Esa última palabra desencadenó una gran carcajada de los pequeños, mientras jugaban con los cepillos que les habían regalado Marta y Puri.

Obedientes pero sin parar de bromear entre ellos, los niños formaron una fila para que la auxiliar de enfermería de Cambre les aplicara fluor en unas cubetas dentales que debían apretar con los dientes. La luguesa controlaba el tiempo que debían llevarlo puesto y les mandaba retirarlo.

En el patio de tierra se acerca a saludarnos Arlin. El día anterior estuvo en la consulta de oftalmología. Una gran sonrisa le ilumina los ojos, enmarcados en sus nuevas gafas. Tiene 10 años y cursa quinto grado. Nos cuenta que las clases empiezan a las siete de la mañana y finalizan a las 12 del mediodía.

El centro escolar Lastenia Castro de Barahona tiene 187 alumnos de entre 3 y 14 años. “La educación es obligatoria hasta los 18 años, aunque hay muchas deserciones al finalizar primaria por problemas económicos.

Deben trabajar para ayudar a sus familias”, nos comenta la subdirectora del colegio, Ruth María Celedón. “Sin embargo, los interesados en continuar sus estudios pueden hacerlo a través de distintos programas educativos establecidos en horarios especiales para que puedan acudir, como los sábados”. El sueldo base de una profesora es de 3.500 córdobas (116 euros), con antigüedad asciende a 4.000 córdobas ( 132 euros).

Ruth María afirma que apenas existe absentismo escolar en primaria. “La asistencia ronda el 90%” dice orgullosa, “solo faltan cuando están enfermos”. 

Sin embargo, al hablar con algunos niños, nos damos cuenta que no es del todo cierto. Nuria tiene 11 años y hoy no ha ido a la escuela porque tenía que hacer mandados. Tuvo que ir a buscar los ingredientes para rellenar los enchilados que prepara su madre para vender.

“Me gusta mucho aprender. Hoy estamos haciendo multiplicaciones”, dice muy redicha Nayelis Joamariz, de 9 años. Sentada en su pupitre con una gran sonrisa añade “Me bañé de mañanita, me lavé los dientes y vine”. Al preguntarle si va a clase todos los días contesta “bueno, a veces llego tarde porque me levanto tarde, algunos días tengo que hacer mandados…”.


Buscamos a Mónica, la coordinadora de la brigada médica, para volver al centro de salud. La encontramos sentada fuera, apuntando los datos de la actividad escolar. Está rodeada de preciosas niñas vestidas con uniforme que cantan y tocan palmas. Nunca olvidaremos esa imagen de alegría.

Entrevista con Gilma Méndez, directora del Centro Pipitos


Gilma Méndez, directora del Centro Pipitos para niños con discapacidad, narra ante los micrófonos de AGARESO el trabajo que desempeñan en este centro, en el que atienden a menores que a menudo sufren la incomprensión de la sociedad nicaragüense.

Los Pipitos: un oasis en medio de la indiferencia

Loreto Costa, (Ocotal, Nicaragua).- Cristian tiene 3 años y la mirada más triste que he visto en Nicaragua. Está sentado en una silla, al lado de su madre, con las piernas inertes. Ella nos comenta que está esperando la valoración médica que le diga por qué su hijo no camina y si llegará a hacerlo algún día

César, uno de los traumatólogos de Solidariedade Galega, le pide que le enseñe la espalda, y al verla, diagnostica una espina bífida (un defecto de cierre de la columna vertebral). Además de no poder andar, la enfermedad provoca, entre otras cosas, falta de control de los esfínteres.

En España un niño con ese problema podría ser operado, aunque no mejoraría mucho su calidad de vida. Por su complejidad, su elevado coste y la corta esperanza de vida, la intervención en Nicaragua ni se plantea.

Cristian podría morir en unos meses de hidrocefalia (aumento de la presión intracraneal) o meningitis. La falta de medios, educación y sobre todo la pobreza en la que vive una gran parte de la población impide que puedan tener unas condiciones de habitabilidad mínimamente higiénicas.

A pesar de la gran ayuda que presta la brigada médica de Solidariedade Galega, la necesidad es tal que su enorme trabajo se queda pequeño. Pero incluso las situaciones más dramáticas, son asumidas sin caer en la impotencia.

El personal sanitario tiene que imponerse una especie de coraza para evitar que los casos tan duros que tratan a diario puedan afectarles psicológicamente. De lo contrario no podrían hacer su trabajo. El tiempo que viva, Cristian está condenado a una silla, que ni siquiera es de ruedas. Sin darse cuenta su rostro refleja esa cruda realidad.

A Cristian lo conocimos en Pipitos, un centro regional de rehabilitación y educación temprana para atender a niños con discapacidad. Lleva tan solo dos meses funcionando en Ocotal y en ese corto periodo de tiempo ya han realizado 540 atenciones a 130 niños. En el centro se trabajan cuatro áreas: estimulación temprana, fisioterapia, terapia del lenguaje y autonomía.

Allí conocimos también a Kati Milagro, de cinco años, con parálisis cerebral y a Ebert, de 18, con síndrome de down. Increíblemente, hasta su mayoría de edad, Ebert no ha sido sometido a estudio médico alguno ni ha recibido ningún tipo de estimulación. Es completamente dependiente, incapaz siquiera de vestirse solo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

De boca en boca


Loreto Costa, (Murra, Nicaragua).- Judith Sirias es la única dentista de Murra. Además de trabajar en el centro de salud tiene que desplazarse a las comunidades, equivalente a las aldeas gallegas más remotas de hace 50 años.

Dado que tiene que atender a una población de más de 16.000 personas solo puede dedicarse a las extracciones. Es un problema de tiempo, pero también de dinero ya que el material necesario para realizar empastes es muy caro y los medios prácticamente inexistentes.

Comenta que puede realizar hasta 50 extracciones en un día y cuando la jornada laboral se alarga en una comunidad tiene que quedarse a dormir allí por falta de medios de transporte o por la larga duración del trayecto. Su salario es de 9.000 córdobas (menos de 400 euros) y los gastos de desplazamiento y manutención corren por su cuenta.

Fotografía: Eduardo Castro
Judith explica que la mayoría de la población se pone “coronas” en los dientes por estética, pero también para taparse las caries. Son de metal y colocadas con cemento por un mecánico dental. Recuerda a los dientes de oro tan habituales hace algunos años en España.

Meilin Lago tiene 8 años y viene desde San Francisco caminando con su madre. Han tardado dos horas. Dice que su madre nunca ha ido al dentista. Con solo 26 años ya tiene dentadura postiza.

Ante la “avalancha” de pacientes que quieren aprovechar la visita de la brigada médica española para ser tratados, Judith ayuda a Marta, odontóloga y a Puri, auxiliar de enfermería. Mientras la luguesa empasta, la nicaragüense extrae.

Realizar ese trabajo conjunto no ha sido fácil. Fue necesario tirar de imaginación para conseguir que el instrumental del sillón funcionase. Botellas de agua vacías, cinta aislante, la colaboración de una chiquilla que mantuviera pulsado un botón o metros y metros de cable tirados son algunos de los recursos empleados para realizar las revisiones y los empastes.

Ir al dentista no es agradable para muchas personas en España, pero aquí están encantados de poder acudir a uno.